Sigamos firmes en la fe

Así pues, hermanos, con toda seguridad podemos entrar al Santuario, llevados por la sangre de Jesús. Él inauguró para nosotros ese camino nuevo y vivo que atraviesa la cortina, es decir, su carne. Tenemos un Sacerdote Supremo a cargo de la casa de Dios. Acerquémonos, pues, con corazón sincero, con plena fe, limpios interiormente de todo lo que mancha la conciencia, y con el cuerpo lavado con agua pura. Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza Aquel que se comprometió.

Que cada no descubra en el ejemplo de los demás nuevos motivos de amar y de hacer el bien. No abandonen sus asambleas como algunos acostumbran hacerlo, sino que más bien anímense unos a otros, tanto más cuanto ven que se acerca el día.

Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, no puede haber sacrificio por el pecado; solamente queda la perspectiva tremenda del juicio y del castigo de fuego que devora a los rebeldes. Para el que desprecie la Ley de Moisés, no hay misericordia; es condenado a muerte por el testimonio de 2 a 3 personas.

¿Qué les parece entonces del que pisoteó al Hijo de Dios? ¿Qué castigo merecerá por haber profanado la sangre de la alianza que lo santificó, y haber insultado al Espíritu del amor de Dios?

Conocemos nosotros al que dijo: A mí me corresponde la venganza; yo soy el que retribuye. Y también: El Señor juzgará a su pueblo.

  El misterio de los nombres de Dios

¡Qué cosa más espantosa es caer en las manos del Dios vivo!

Recuerden esos primeros tiempos en que ustedes acababan de ser iluminados. Tuvieron que soportar grandes sufrimientos que les vinieron a asaltar. Fueron públicamente expuestos a humillaciones y pruebas, y tuvieron que participar del sufrimiento de otros que fueron tratados de igual manera. En verdad, ustedes se hicieron solidarios de los que iban a la cárcel; a ustedes les quitaron sus bienes y lo aceptaron gozosos, sabiendo que estaban adquiriendo una riqueza mejor y más duradera. Por eso, no pierdan ahora su resolución, que tendrán una recompensa grande. Es necesario que sean constantes en hacer la voluntad de Dios, para que alcancen lo que él les tiene prometido.:

  Credo

Un poco, un poquito más, y el que viene llegará: no tardará.

El justo mío si cree vivirá: Que si desconfía, ya no lo miraré con amor.

No vamos a ser nosotros de esos que se retiran y se pierden, sino que somos hombres que creen y que se salvarán.

Comentario de la palabra Sigamos firmes en la fe:

Con toda seguridad podemos entrar…, acerquémonos. Para reanimar a los que dudan, hay que despertar la confianza en Dios Padre.

No abandonemos las Asambleas. Abandonar la celebración del domingo, o la reunión de la comunidad a la que pertenecemos es un descuido grave. La comunidad cristiana, que no es cosa de ángeles, se deshace cuando los integrantes solamente se asoman de vez en cuando. Y nosotros que no somos ángeles, difícilmente permaneceremos unidos a Cristo si no participamos en una comunidad. Al perder contacto con nuestros hermanos en fe, estamos en peligro de perder el sentido de nuestra misión. Ninguna solidaridad con los compañeros de barrio o de trabajo nos recordará que somos, en medio de ellos, los testigos de algo que ellos no conocen.

  Credo

Un poco, un poquito más: son versos de Habacuc 2.3 referentes al Juicio de Dios que se acerca. Quizás el autor de la carta quería aludir, a la crisis que, muy pronto, iba a destruir la nación judía.

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