La parábola del ciego de Jericó

Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un mendigo ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: Jesús hijo de David, ten compasión de mí!

Muchas personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza:

Hijo de David, ten compasión de mí.

Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo. Llamaron, pues, al ciego expresándole: Vamos, levántate que te están llamando. Y él arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le preguntó: Qué quieres que haga por ti?. El ciego respondió: Maestro que vea. Entonces Jesús le dijo: Puedes irte, tu fe te ha salvado. Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.

Comentario de la parábola del ciego de Jericó:

Dios es quien nos mueve a pedir. El ciego comprendió que si dejaba pasar esta oportunidad ya no se presentaría otra, y por esto gritaba más fuerte mientras la gente trataba de hacerlo callar.

¿Y cómo lo presenta Marcos?

Lo presenta como el modelo del verdadero discípulo, pues a diferencia del otro que buscaba la luz y se dio vuelta al ver el camino (11,22)

¿Qué pidió Bartimeo?

Bartimeo pidió ver y, en cuanto Dios le dio la luz, siguió a Jesús.

  Oración para sentir el amor de Dios

¿Qué no comprendió la multitud?

No comprendió ni el desamparo del ciego ni su llamado y su fe, pero se da vueltas sin hacer problemas para dar gusto al que está delante. Bartimeo en cambio sabe perseverar.

  Dichosos los invitados a la cena del Señor

Hijo de David

Este era uno de los títulos con que se designaba al Mesías.

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