El que no perdonó a su compañero

Aprendan algo sobre el Reino de los cielos.

Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda. Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes». El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. ¿No debías también tú, tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» Y hasta tal punto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos, hasta que pagara toda la deuda. Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano».

Comentario

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Reunidos en el Nombre de Jesús. La oración de la comunidad, de un equipo apostólico, de una pareja cristiana…

¿Hemos reparado en lo corto que es este capítulo sobre la Iglesia?

Y eso que Mateo es el que más piensa en la Iglesia de Jesús, ya sea en las parábolas del Reino o en la profesión de fe de Pedro. No parece que Jesús haya dado algo a sus apóstoles respecto a las estructuras que habría que establecer lo que por lo mismo podrían desaparecer: solo les habla de un espíritu comunitario.

La acogida a los pobres, el perdón continuo y la aceptación de los demás, la oración de una comunidad que tiene ansias apostólicas y que pide a Dios a gritos que le dé lo que le pide, esos son toda la sabiduría y todos los medios con que cuenta la Iglesia para afrontar los desafíos de la evangelización.

Mientras participamos en el trajín de la comunidad superando los conflictos inevitables y perseverando en la labor apostólica, aprenderemos a conocer al Padre. La Iglesia, pues, es el lugar sagrado en que encontramos a Dios y, para expresar esta realidad, decimos que la Iglesia es sacramento de Dios.

También hablamos de varios sacramentos, El Bautismo, la Eucaristía, … Algunos quieren recibir los sacramentos sin comprometerse con la Iglesia, pero olvidan que los ritos religiosos tienen un valor sagrado en cuanto son gestos de la Iglesia, la cual es el Sacramento de Dios.

Dios no está contenido en cosas, sino que se expresa por medio de la familia de Cristo: todo lo que aten en la tierra…, Vivir en armonía con la comunidad, aun cuando no la aprobemos, es un signo de que estamos en gracia de Dios.

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Setenta y siete veces: Esto se contrapone a la sed de venganza expresada en GEN 4:24. Ver también el texto de LC 23,3, debemos aprender a perdonar, pero el que ha actuado mal tiene que manifestar arrepentimiento.

El Perdón

Las ofensas que nos hacen los compañeros no son nada en comparación con nuestras ofensas a Dios.

Y mientras Dios perdona todo, nosotros ni siquiera damos un plazo. Dios no hace valer sus derechos y parece que ní siquiera los reconocerá, porque es el Padre. En cambio, nosotros, al hacer valer nuestros derechos, nos portamos como siervos malos. Mt.5,43.

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