El mandamiento más importante

Entonces se adelantó un maestro de la ley. Había escuchado la discusión y estaba admirado de cómo Jesús les había contestado.

Le preguntó:

¿Qué mandamiento es el primero de todos?

Jesús les contestó: El primer mandamiento es: Escucha, Israel. El Señor Nuestro Dios es un único Señor.

Amará al Señor tu Dios con todo su corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas.

Y después viene este otro: Amará a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que estos.

¿Qué contestó el maestro de la Ley?

Has hablado muy bien. Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como así mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios.

Jesús vio que esta era respuesta sabia y dijo:

No estás lejos del Reino de Dios.

Y después de esto, nadie más se atrevió hacerles nuevas preguntas.

Comentario sobre el mandamiento más importante

Amarás al Señor, tu Dios. Muchas personas se extrañan al ver que este primer mandamiento no está en los diez de Moisés, que hablan solo de servir a Dios. Pero, lo leemos en el Dt. 6,4.

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Amar a Dios no es un mandamiento como los demás. Pues los mandamientos señalan obras precisas que debemos cumplir o de las que nos debemos abstener; por ejemplo, descansarás el día del Señor, o no cometerás adulterio.

En cambio, toda nuestra existencia está implicada en esto de amar a Dios.

¿Por qué el amor de Dios no se presenta en el Nuevo Testamento?

No se presenta, sino como el Primer fruto del Espíritu que Dios da a sus hijos Rom. 8,15 y 22. Dios es el primer amado (Mt. 6,9-10. 1 Jn.4,17) muy especialmente en la persona de su hijo: 2 Cor. 5, 15; 1 Pe. 1,8 No hay auténtico amor al prójimo sin ese amor a Dios.

Hay personas que se creen irreprochables porque cumplen los 1 0 mandamientos de Moisés. Sería más exacto decir que han llegado a un nivel mínimo de moralidad que Moisés exigió a un pueblo primitivo y poco responsable, hace más de 30 siglos.

En vez de fijarse en este decálogo para después salir contentos de sí mismos, deberían meditar el primer mandamiento, sin el cual los demás no significan nada.

Amarás a Dios con todo tu corazón

Lo amarás más que a los seres más queridos, te desvivirás por él, te olvidarás de ti mismo para buscar en todo lo que a él más le gusta.

Lo amarás con toda tu alma, con toda tu inteligencia

Dedicarás lo mejor de tu inteligencia a conocerlo. Analizando tu propia vida, tratarás de comprender cómo ha guiado tus pasos. Considerando los acontecimientos mundiales y los sucesos diarios, procurarás entender cómo llega el Reino de Dios. Perseverando en la oración y la lectura bíblica, pedirás a Dios que te comunique su propio Espíritu para conocerlo mejor.

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Lo amarás con todas tus fuerzas

Y dado que en eso eres muy débil, pedirás la ayuda de Dios y tratarás de juntarte con los verdaderos servidores de Dios, usando los medios que la iglesia pone a tu disposición.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

El mandamiento de amar al prójimo como a ti mismo viene en segundo lugar, porque no es posible entenderlo bien, y menos aún, cumplirlo, si no existe ya el amor de Dios.

Lo que Dios pide es mucho más que la solidaridad al prójimo, mucho más que la ayuda al que sufre. Debemos esforzarnos de ver al hermano tal como lo ve el Padre. Debemos procurarle lo que el Padre desea para él. Entre las muchas obras buenas que podríamos hacer por el prójimo, debemos elegir lo que nos aconseja el Espíritu de Dios.

Y todo eso requiere que conozcamos a Dios primero y que lo amemos.

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